¿Fresa yo… osea hello!

fresa

Los jóvenes que nacieron heredando la altanería de la clase alta, los que derrochan dinero, firmas y desdén con una sonrisa fría y despreocupada en tiendas de diseñador y restaurantes exclusivos del país y del mundo, no se consideran lo suficientemente adinerados ni glamorosos como para merecer que los etiqueten como “fresas” sólo porque su nombre no se encuentra entre los primeros lugares de la lista de Forbes. Me parece ridículo que les intimide sentirse desamparados ¡por el estúpido hecho de compararse con los multimillonarios! Si te sientes identificado con lo que acabas de leer perteneces a la gran mayoría de los fresas escépticos. Te invito a responder a estas preguntas con las que podrás reconocer y aceptar la merecida etiqueta de fresa con orgullo y con la seguridad de que no hay nada de qué avergonzarse.

 

Responde sí o no:

1.– ¿Vives en una casa o departamento de una colonia cara, como por ejemplo en: Polanco, Jardínes del Pedregal o Bosques de las Lomas?

2.– ¿Estudiaste en el extranjero o en una universidad de paga de prestigio como: la Ibero, la Panamericana o el Tec de Monterrey sin necesidad de haber conseguido una beca?

3.– ¿La primera vez que se te ocurrió buscar trabajo fue después de haber terminado la Universidad?

4.– ¿En tu cartera hay una tarjeta de crédito para usarla en caso de emergencias de la que tu papá es el titular?

5.– ¿Sólo usas ropa, zapatos, joyería y accesorios de diseñadores de fama internacional?

6.– ¿Para ser atractivo sólo necesitas creerle a tus papás y asegurarte de usar los productos de belleza más caros de las tiendas departamentales?

7.– ¿Caminas como si estuvieras en una pasarela para lucir tu cuerpo porque inviertes tanto tiempo y dinero en él que prácticamente es un artículo de lujo viviente?

8.– ¿Te gustaría que todos te trataran como a una celebridad?

9.– ¿Un buen partido es el que tiene coche, un puesto directivo y suficiente dinero para invitarte a viajar por el mundo?

10.– ¿Si por alguna razón no puedes comprar o conseguir cualquier objeto o persona que te guste, te frustras y luego te deprimes hasta llegar llanto?

11.– ¿Has tomado el metro de París y de New York más veces que el de México?

12.– ¿Cualquier persona que no tenga tu nivel socioeconómico ni tu buen gusto es un naco?

 

Resultados:

Si respondiste que sí a 3 de las preguntas anteriores, ¡felicidades, eres un fresa natural!, naciste en una familia sin problemas de dinero, lo que significa que estás acostumbrado a vivir con comodidades y a obtener con facilidad cualquier capricho. No eres pobre y no tienes por qué vivir envuelto en esa falsa ilusión. Prepárate para sentir plenitud y abundancia, repite en voz alta: Los verdaderos pobres se mueren por vivir como yo, sí soy rico y sí soy fresa. Practica este mantra todos los días.

Si respondiste que sí a 6 de las preguntas anteriores eres un fresa de closet, te molesta que te llamen fresa aunque sabes que lo mereces. Te gusta presumir todo lo que tienes y por supuesto que te vean con otros fresas, te gusta llamar la atención y el Facebook es el mejor escaparate para lucirte. Eres extrovertido, disfrutas de eventos y cocteles y te encanta salir publicado en las revistas de farándula social. Para aceptar tu fresés te recomendamos que dones a la caridad lo que de todos modos pensabas tirar a la basura, así tendrás otro motivo más para presumir que además de tus grandes atributos físicos y superficiales ¡eres una buena persona! porque ayudas a los desafortunados muertos de hambre regalándoles tus sobras de comida, muebles y ropa vieja.

Si respondiste que sí a las 12 preguntas anteriores, no sólo eres una fresa consumada sino una verdadera diva que se mueve en un exclusivo círculo, eres popular y no te rebajas a saludar a cualquiera, la clase baja te da asco, la toleras por lástima y porque sabes que necesitas de sus servicios. Tu pasatiempo favorito es humillar a la mayor cantidad de gente posible, incluso a otras divas de tu calaña. Ganar es lo más importante que tienes en la vida, te enseñaron a tener y a ser el mejor en todo; desde manejar el mejor coche y usar la mejor ropa hasta tener a la persona más deseada entre tus amigos. Necesitas restregarle tu éxito a los demás en la cara porque el qué dirán no solo infla tu ego como pez globo, sino que es una adicción para tus padres, eres la imagen que representa el orgullo de tu familia.

Si respondiste que no a las 12 preguntas anteriores, no eres fresa pero no necesitabas hacer este test para confirmarlo. Sabes también que siendo tú mismo jamás vas a formar parte de su exclusivo grupo de fresas, que jamás te invitarían a sus fiestas o viajes, que ni si quiera podrías aspirar a pertenecer a ninguna de sus listas de WhatsAapp. Pero no te desanimes porque vivimos en el posmodernismo y ya no es necesario haber nacido en una familia acomodada y de alcurnia para ser fresa, también se puede serlo por elección; porque lo único importante para lograrlo es cuidar y mantener las apariencias de ese estilo de vida y aprender a hablar su lenguaje.

Durante más de 10 años me he visto forzada a convivir con mucha gente fresa y durante este tiempo he aprendido a descifrar su lenguaje y  motivaciones. Para convertirte en un fresa será fundamental hacer uso de tu capacidad histriónica así como de tu imaginación.

A continuación encontrarás una práctica guía para ser un fresa y convivir con ellos.

1.– Habla como fresa.

Acude a centros comerciales, cafeterías y otros lugares que visitan los fresas con regularidad y escucha sus conversaciones para qua aprendas su lenguaje y su acento, puedes practicar con un dulce: colócalo entre el paladar y tu lengua y habla, después de un tiempo podrás hacerlo sin necesidad de usar el dulce.

Aprende las palabras y frases básicas, te será muy fácil porque son pocas y las repiten todo el tiempo: así…¿ya sabes?, tipo bien, equis, cero, ene-mil, un tema, así de que, güey, etc. También habrá que iniciar o rematar el final de las oraciones con tono de pregunta o con alguna palabra(s) en inglés, aplicando el mismo criterio que con las palabras básicas, memoriza su significado y repítelas, no necesitas tomar ningún curso de inglés: hello, tell me about it, you know, basic, gross, outfit, and that’s it!, boring, I have news for you, starving, etc.

2.– Viste como fresa.

Es muy importante lucir ropa de diseñador, puedes comprarla en ofertas, en outlets o bien, tratar de conseguir un sastre experimentado que imite esos cortes y estilos. Otra opción es endeudarte, comprar la ropa y zapatos originales con tarjeta de crédito y pagar eternamente a meses sin intereses. Aprovecha cualquier oportunidad de los fresas descuidados que olvidan sacos, bufandas y otros accesorios “de marca” en sillas o baños de bares y restaurantes, para que te hagas de más prendas. Camina como si fueras modelo, como si todos te desearan y se murieran por conocerte.

3.– Viaja como fresa.

El problema aquí radica en el presupuesto pero gracias a los modernos programas de edición de fotografías solo tienes que aparentar que viajas. Aprende a hacer retoque digital o contrata a un diseñador junior que quiera hacer prácticas profesionales. Busca imágenes en internet y posa como si estuvieras en cualquier lugar del mundo al que te gustaría viajar, no olvides incluir a Londres, París, Japón y la India. Lee blogs sobre turismo internacional para que cuando te pregunten o hablen de sus viajes puedas responder correctamente sobre locaciones, curiosidades típicas y culinarias de estos y otros destinos. Es muy importante que aprendas a presumir para que cuando se presente la oportunidad preguntes con desdén ¿si has ido, no?

4.– Actúa como fresa.

Todo fresa vive en una colonia de gente rica y tiene por lo menos un coche, por lo que tendrás que usar tu creatividad para convencerlos que hay una razón especial o sentimental por la qué vives en tu colonia y por la cuál no tienes coche, puedes decir por ejemplo, que te lo robaron y que por eso tienes que tomar taxis (aunque en realidad uses el transporte público a escondidas) o que recientemente tuviste un choque aparatoso y que a partir del accidente te da mucho miedo manejar, o que estás esperando a que tus papás te liberen del castigo de no tener coche por haber manejado borracho y haber causado el accidente aparatoso.

Tienes que emborracharte en lugares a los que ellos asistan para cumplir con el requisito de ser de ambiente y presumir por cualquier medio oral o virtual que tú sí sabes divertirte.

Es indispensable tener un Iphone, para evitar el gasto excesivo y frívolo que supone su adquisición te recomiendo que lo compres usado o en una casa de empeños.

Necesitas estar informado sobre las últimas tendencias de la moda y los chismes. Ve a tu sucursal de Sanborns más cercana y hojea todas las revistas que puedas. Busca chismes y fotografías de las celebridades y eventos VIP como por ejemplo, de los Óscares, para que seas parte de sus principales temas de conversación. Jamás se te ocurra mencionar cine de arte, escritores o pintores ni cualquier comentario sobre temas culturales porque corres el riesgo de que te cataloguen como una persona culta o inteligente y ese es un gran defecto que te conviene ocultar.

5.– Forma parte de su grupo fresa.

El reto será formar parte de un grupo de amigos fresas y para esto tendrás que simpatizar con ellos hasta el grado de que te incluyan su lista de amigos de Whatsapp, Facebook, Instagram o de cualquier otra red social o aplicación que se ponga de moda, por lo que si no tienes un plan de internet para tu teléfono, vas a tener que contratarlo.

No puedes pertenecer a un grupo fresa si no te invitan a sus fiestas, reuniones y a sus casas de descanso en Cuerna, Tepoz(otlán), Valle (de Bravo) o Acapulco, donde podrás dar fe de el estrecho lazo de pertenencia al grupo mediante fotos y mensajes cariñosos en Facebook donde tu nombre está oficialmente etiquetado con sinceridad por los fresas. No olvides dar like a todas sus fotos y deshacerte en halagos todo el tiempo.

6.– El pasado fresa ideal.

Invéntate un pasado acorde con la convivencia cotidiana de tus nuevo amigos, un pasado ideal que compita con el suyo y que te haga sentir satisfecho con lo que deberías haber tenido, disfrutado y viajado cuando eras niño y durante la adolescencia, por ejemplo finge que fuiste a Disneyland a los 10 años, que te regalaron tu primer coche cuando cumpliste 16, que estás acostumbrado a hacer berrinches para que tus papás siempre te compren lo que quieras, incluso hasta la fecha sigues consiguiendo que te mantengan… en fin, elige las historias qué más te gusten da rienda suelta a tu imaginación y presume sin cansancio, podría ser que, como dice el dicho: una mentira repetida con la suficiente constancia se convierta en verdad.

A propósito del amor

amor

Se ha escrito tanto sobre el amor desde que se inventó la palabra, que cualquiera se cree poseedor de su sentido y –peor aún– de su significado, sin medir las consecuencias de su ignorancia y confusión de los que creen sentirlo por eso es muy difícil de definir, sobre todo en estos tiempos (post)modernos en que amor se utiliza como sinónimo de casi cualquier otra cosa: deseo, celos, odio, control, posesión, chantaje, etc.

Durante siglos filósofos, poetas y psicólogos han tratado de explicar al amor y parece que la mayoría sigue sin entender de qué se trata, aunque todos afirman haberlo sentido y entregado ciegamente pero es que es más fácil dejarse influenciar por lo que las “tendencias” dictan que debería ser, y entonces, las telenovelas y la farándula son un ejemplo aspiracional de cómo vivir el amor, y si las celebridades, mis amigos y las vecinas de enfrente celebran el 14 de febrero… ¡yo también lo tengo que celebrar! ¡No señor, me puedo quedar atrás! No puedo parcer un “perdedor” tengo que regalar (y esperar que me regalen) algo único y original, algo que… de preferencia sea muy grande y vistoso para presumirlo, para que me vean por la calle caminando con mi globo metálico con forma de corazón, para que me se mueran de envidia mis compañeras de la oficina cuando me vean recibiendo un enorme ramo de rosas, para que vean que a mí sí me quieren y mucho, y además me lo demuestran con regalos, que son un escudo protector contra el qué dirán que reivindica mi autoestima.

Celebrar el 14 de febrero me parece de una ingenuidad triste, sería mucho más honesto celebrar a los comercios de tu país con el sincero y único pretexto de activar la economía de ciertos sectores comprando dulces, juguetes, tarjetas, artesanías y flores de producción nacional y no bajo la idea de tener la obligación de comprar cualquier cosa, especialmente detallitos baratos porque ni modo que no les dé nada a mis compañeros, amigos y vecinos, es muy importante quedar bien aunque sea a costa de dar tiliches chinos sin calidad ni buen gusto que siempre terminan arrumbados en un rincón llenos de polvo, descoloridos por el sol.

Les propongo inventar festividades comerciales sin fines de lucro como el día de la donación, el día de regalar una comida o un atole, el día de hacer el quehacer de tu casa, el día de hoy no como nada engordador… en fin espero que tengan un gran corazón y una gran autoestima para que no necesiten presumir ni ser amados, téngase amor propio, quiéranse mucho y demuéstrenselo con ganas, con agallas y con respeto aunque no esté de moda.

Granos

Manuel se sentía más cansado que de costumbre, durante toda la noche le había dolido la cabeza y el único efecto que obtuvo de todas las aspirinas que se tomó fue otro dolor, de estómago. A las cinco de la mañana, dio la última ronda por las oficinas y después, como siempre, fue al baño a cambiarse el uniforme. Se sorprendió al ver su reflejo, tenía un grano del tamaño de una cacalota con un rasguño horizontal, tocó el grano provocándose una punzada de dolor.

Cuando llegó a su casa, su esposa lo recibió bostezando, se acercaron para besarse y ambos se detuvieron al mirar la frente del otro, Manuel vio que ella también tenía un grano en la frente igual que el suyo, con el mismo rasguño horizontal. Escucharon el llanto de Magali, su hija adolescente que estaba encerrada en el baño; Martha tocó a la puerta y le preguntó si estaba bien, Magali solo dijo: Ya voy, mamá, y salió sollozando, estaba a punto de valerse de un chantaje emocional para convencer a sus padres de lo deprimida que estaba, le había salido un grano enorme en la frente y además, le dolía muchísimo la cabeza por lo que no podía ir a la escuela así pero, al verlos se dio cuenta de que ellos también tenían su propio grano enorme.

El intenso dolor de cabeza comenzó a disminuir después de que desayunaron. Magali seguía muy preocupada por su apariencia. Los tres estuvieron especulando sobre la rara coincidencia que les había provocado el mismo mal, y finalmente, decidieron echarle la culpa al mole que comieron el domingo; porque Martha le había puesto demasiado chocolate. Minutos más tarde, después de darle permiso a Magali para que faltara a la escuela, Manuel se fue a acostar. Apenas se estaba quedando dormido cuando los gritos de su esposa lo despertaron, creyó que estaba teniendo una pesadilla porque el grano le había reventado salpicándole la cara de pus. Al abrir los ojos se dio cuenta de que tenía un ángulo de visión distinto, que abarcaba una parte del techo de la habitación. Se levantó sorprendido, la nueva perspectiva visual lo hizo sentirse más alto y ligeramente mareado. Cerró los ojos y se dio cuenta de que seguía viendo hacia el techo de la habitación. Manuel se unió al coro itinerante de gritos que seguía resonando a la distancia, conforme los vecinos se iban levantando.

Manuel estaba sentado viéndose frente en el espejo cuando su hija entró a la habitación llorando con sus tres ojos, Martha venía detrás de ella, ambas abrazaron a Manuel sin decir nada hasta que oyeron que tocaban la puerta. Martha se soltó el cabello para taparse el ojo de la frente y fue a abrir. Era la vecina, estaba muy asustada, traía a su hijo en brazos, le mostró a Martha la frente del bebé y la suya, le dijo que todos habían amanecido igual en el edificio, y que leyó el apocalipsis por si acaso pero que no decía nada sobre un tercer ojo, Martha se quitó el cabello de la frente y le enseñó el suyo, la vecina sintió un gran alivio al verlo y se fue diciendo: ¡Qué dios nos salve!

Encendieron la televisión, había un programa especial que alertaba a mantener la calma y a dejar de ir a los hospitales ya que estaban abarrotados, que había un desabasto de tranquilizantes en la mayoría de las farmacias y, que la epidemia del tercer ojo estaba siendo investigada por especialistas por lo que había que esperar; en cuanto tuvieran mayor información se les comunicaría qué hacer. Martha sintió asco y corrió a vomitar al baño. Magali se cubrió el ojo con un gorro y se encerró en su cuarto. Manuel trató de dormir pero no podía hacerlo porque comenzó a dolerle la cabeza, asustado, se palpó el cuerpo, el ardor de un grano en su nuca lo paralizó. ¡Marthaaaaa!, gritó desesperado, su esposa se acercó a revisarle el cuello y vio que solo se trataba de un barro común, pero Manuel insistió en que lo apretara para cerciorarse de que no fuera otro ojo porque le estaba doliendo la cabeza con la misma intensidad que durante la noche. Pero del grano solo brotó grasa, y el dolor era el provocado por la falta de descanso. Martha le contó que habían transmitido otro aviso: se suspendieron las clases y labores hasta nuevo aviso.

Manuel logró conciliar el sueño unos minutos más tarde y cuando se levantó Martha ya había servido la comida. Los tres se sentaron a la mesa y probaron unas cuantas cucharadas de sopa en silencio, tenían la mirada perdida (desde el plato hacia arriba, gracias al nuevo rango de visión) excepto Magali, porque seguía usando el gorro. De repente Manuel se recorrió hacia atrás asustado y se cayó de la silla. Miraba con atención hacia el pasillo cuando gritó: ¡Mónica!, pero si…tú. Luego, Martha tartamudeó: Ma. Mam… ¿Mamá? Magali no entendía qué le pasaba a sus padres y supuso que estaban sufriendo un ataque de nervios. Le pidieron que se quitara el gorro y entonces la vio: su abuela materna estaba de pie en el pasillo. La anciana sonreía; su imagen era blancuzca y transparente, como si estuviera proyectada sobre un velo. Llevaba la bata y las pantuflas que vestía la noche que murió, sus labios se movieron, trató de decir algo pero no pudieron escuchar nada, hizo un gesto de molestia y se fue hacia el baño atravesando la puerta. ¡Es este maldito ojo!, dijo Manuel. Le llevó una mascada a Martha y tomó una cachucha para él, mientras su hija volvía a colocarse el gorro para cubrirse la frente.

 

Durante varios meses hubo una crisis en la que abundó la pérdida de la razón, los suicidios y el fanatismo religioso, pero sobre todo las teorías que trataban de explicar la aparición del tercer ojo. Los hindús consideraron el fenómeno como la nueva era de Shivá, que gracias a su bendición nos había regalado la posibilidad ver más allá de los sentidos y con esto, la de cambiar también nuestros destinos también. Para el movimiento teosófico, la apertura del sexto chakra, revelaría la capacidad para ver el alma y la verdad oculta, relacionada con la clarividencia y la intuición. Así justificaban las nuevas habilidades que permitían ver fantasmas y saber la verdad –del mismo modo que se experimenta la intuición– con una certeza absoluta. Médicos y científicos se debatían entre los que consideraban al tercer ojo una mutación causada por el consumo de alimentos transgénicos, con residuos de pesticidas, hormonas u otros químicos dañinos y; los que afirmaban que el tercer ojo era un rasgo evolutivo para la supervivencia de nuestra especie.

Después de que los niños regresaron a la escuela, prácticamente todo lo demás también había regresado a la normalidad: la gente se acostumbró a que los bebés nacieran con tres ojos; a que los lentes de sol ahora fueran de tres piezas; a que los techos del metro, de las dependencias públicas y de los pasillos de los centros comerciales se llenaran con mensajes publicitarios. Todos se acostumbraron también a ignorar a los fantasmas como si se tratara de un montón de indigentes mudos que ya no asustaban ni conmovían a nadie; pero como sí causaron muchos choques y accidentes cuando empezaron a ser visibles y las personas trataban de esquivarlos en las calles, se hizo obligatorio el uso de un parche para cubrir el tercer ojo de los conductores.

Las clínicas improvisadas para atender a personas con crisis nerviosas y trastornos mentales fueron cerrando una tras otra, con la misma rapidez con la que habían abierto hacía un año, al comienzo de la epidemia. El Ojo divino, es la única religión que sigue ganando adeptos, todas las demás han ido cerrando al igual que las clínicas y los partidos políticos, que con la nueva habilidad de la certeza absoluta, la gente –incluso la más ignorante– podía darse cuenta del engaño y de lo ridículas que eran las promesas de campaña de los candidatos, lo cuál benefició sobre todo a los ciudadanos, que pagaban menos impuestos y vivían mejor; la corrupción por fin había sido erradicada. Los noticieros se vieron obligados a decir la verdad para conservar el raiting. Las revistas de chismes cambiaron su categoría por la de ficción; las notas seguían siendo suposiciones pero al público le divertía leerlas y los artistas posaban para los paparazzis y todos recibían buen dinero por las publicaciones.

 

Magali le dice a su abuela que quiere que le compren el nuevo rimel 3×3 del anuncio que están viendo en la televisión –en su nuevo formato de pantalla plana vertical– donde aparecen las pestañas de tres hermosos ojos verdes que se ven tres veces más largas, –como presume el eslogan publicitario– el comercial termina con un acercamiento al ojo de la frente de la modelo que hace un guiño con coquetería.
A Manuel no le gusta tener que convivir con su suegra de nuevo, por eso siempre finge que se le olvida quitarse el parche de conducir cuando llega a casa, pero esa tarde Martha le recuerda y le exige que se lo quite porque es el aniversario luctuoso de su mamá. La abuela se ve molesta y le reclama sin voz a Manuel, el cuál ni siquiera hace un mínimo esfuerzo para leer los labios de la vieja por lo que Martha le da un codazo. En lugar de pastel, a los fantasmas se les regala luz. Se hizo costumbre cuando con la gente tuvo la absurda creencia de que, al ofrecerles la luz –casi siempre de una o más veladoras– los fantasmas se irían al cielo, al infierno o por lo menos a otra dimensión pero aunque no funcionaba, se dieron cuenta de que la luz los hacía sentirse bien y de buen humor. Manuel y su familia juntan varias lámparas y dirigen la luz hacia el pasillo, la abuela la recibe, brilla y sonríe, se ve tranquila y feliz y se puede leer un gracias en sus transparentes labios.

 

Se Renta Departamento

Genaro estaba exhausto, había terminado con la mudanza y sólo desempacó lo indispensable antes de acostarse. Al día siguiente, cuando dio el primer paso hacia el baño, apachurró a una cucaracha que se le quedó pegada en una sandalia, encendió la luz y vio que había muchas más, muertas en el suelo, supuso que sería por los químicos de la fumigación que seguían haciendo efecto. Al regresar del trabajo desempacó algunas cajas con enseres de cocina y luego, tuvo que volver a limpiar la alacena porque tenía arañas muertas. Estornudó varias veces, seguía sintiéndose cansado y con dolor de cabeza, encargó una pizza y más tarde habló por teléfono con su novia antes de dormirse. Soñó que una señora trataba de ahorcarlo con las manos mientras él dormía, después se iba abriendo una grieta en el techo por la que caía una lluvia de gusanos, cucarachas y arañas.

En la mañana, le alegró no hallar cucarachas en el piso, fue al baño y al levantar la tapa del escusado dio un gritó, el susto lo había despertado mejor que el café espresso que acostumbraba tomar; había una rata adentro de la taza del baño. Después de verificar con el palo del destapacaños que sí estaba muerta, la metió en una bolsa de basura, al igual que a las demás que halló en la sala y la cocina, también encontró palomas muertas en el balcón y a los helechos, que le había regalado su abuela, marchitos. Llamó a los fumigadores y le dijeron que tendría que ser otra la causa del problema, porque los químicos pierden efecto un par de días después de aplicarse, y ya habían pasado casi dos semanas.

Planeó levantarse más temprano todos los días para tener tiempo de limpiar lo que fuera que hallara muerto, mientras se resolvía ese problema. Fue al baño, como cada mañana y se encontró con una alfombra de grillos en el piso y, como la noche anterior había olvidado cerrar la puerta del balcón, amaneció también: un gato muerto sobre el fregadero de la cocina y más palomas y cucarachas en el piso de la sala. Dudó haber alucinado a los animales porque tenía fiebre pero la vecina de al lado le confirmó que sí, cuando le preguntó por su gato Henry y luego, se lo llevó triste y enojada y le recomendó a la misma compañía de fumigación que él ya había contratado.

Genaro estaba cada vez más enfermo y cansado, con la fiebre creía haber visto salir del baño a la señora de la pesadilla acostarse con él en su cama. No tenía fuerza para salir y llamó a la oficina para avisar que no iría a trabajar en un par de días.

Su novia estaba preocupada, ya había pasado casi un mes y él seguía enfermo, por lo que, a pesar de las negativas de Genaro, ella pidió algunos días de vacaciones para ir a cuidarlo y ayudarle también con la limpieza de los animales que seguían apareciendo muertos todos los días, hasta que se contagió y tuvo que regresar a su casa con fiebre y dolor de garganta. En un par de días ella ya se había recuperado por completo pero Genaro no, lo llevó al hospital pero les dijeron que era un simple resfriado, que él solo tenía que descansar y seguir tomando la medicina.

Genaro estaba peor, su novia regresó a cuidarlo pero al segundo día, ella comenzó a sentirse mal otra vez y decidieron contratar a una enfermera, quien creyó que eran una pareja de hipocondriacos. Él le pidió que le ayudará a recoger a los animales muertos pero la enfermera empezó a sentirse mal y a decirle que había un fantasma que la había asustado y ya no volvió.

Después de consultar a muchos doctores que le seguían diciendo lo mismo: que descansara y siguiera con el mismo tratamiento, que no tenía nada grave, Genaro se resignó a quedarse en casa. Se la pasaba dormido casi todo el día, por lo que tuvo que poner alarmas para que le recordaran comer y tomar las medicinas que su novia se encargaba de llevarle todos los días.

Al día siguiente, ella encontró el cuerpo sin vida de Genaro, parecía que estaba dormido, como el gato. Cuando las vecinas se dieron cuenta de lo que había pasado, concluyeron que era demasiada coincidencia que fuera el tercer inquilino que moría en ese departamento desde que la señora Jacinta había sido estrangulada por su marido, la dejó en la cama y se escapó, hasta que el casero fue a cobrar la renta y la encontró a la pobre, llena de gusanos y moscas.

Unos meses más tarde, Ignacio llegó con las últimas cajas de la mudanza, estaba cansado, tomó un vaso de agua y escuchó que tocaban a la puerta. Había seis señoras con cara de preocupación, eran las vecinas le querían advertir que el departamento estaba embrujado y que si se quedaba corría el riesgo de morirse, a él le dio risa y pensó que se trataba de una broma, les dio las gracias, se sentía muy cansado y se acostó temprano. La mañana siguiente, encontró muchas cucarachas en el piso y a su perro muerto, parecía que estaba dormido.

Instrucciones para ser un buen jefe

A nadie le gusta compartir el tiempo con individuos sin clase, que carecen de sofisticación y buen gusto, que nunca han jugado golf y que al socializar en las fiestas de navidad siempre hablan de sus hijos, de mujeres o del partido de fut del domingo entre trago y trago de cerveza, porque no nacieron con un paladar exigente (ni la solvencia económica) para poder apreciar (pagar) un buen cognac, pero es ineludible la convivencia con los empleados pues desafortunadamente son indispensables para el crecimiento económico de cualquier empresa y aunque suponen una molestia que genera muchos gastos, son también una inversión que se traduce en dividendos a favor de su patrimonio, sin embargo, sí es posible ser un buen jefe sin gastar demasiado dinero o energías, sólo tiene que poner en práctica estos sencillos cambios de actitud en el trato cotidiano, aquí le decimos cómo lograrlo.

La pobreza no es una enfermedad contagiosa
No es fácil saludar a subordinados y otros individuos con los que usted se ve obligado a convivir a diario en la oficina, es completamente normal que experimente repulsión y asco al tocar la mano de cualquier empleado, pero tendrá que hacerlo, poco a poco se irá acostumbrando, afortunadamente la pobreza no es una enfermedad contagiosa pero tenga cuidado porque la suciedad del metro y el olor a crema barata sí se pega, por esto es esencial que tenga un gel desinfectante en el cajón de su escritorio para mantener sus manos frescas y limpias cada vez que lo requiera.

Un empleado feliz es más productivo 

No necesita gastar una fortuna para moldear a sus empleados de acuerdo a las metas de la empresa y convertirlos en devotos trabajadores, la lealtad se gana con detalles: asegúrese de que siempre tengan agua, té y café sin limitaciones, y una vez por semana (de preferencia que sea en viernes, cuando suelen estar más animados) compre donas o galletas para todos.

Recuerde felicitarlos en cada celebración, especialmente en su cumpleaños, y asegúrese de comprarles pastel, mantenga la calma y finja una sonrisa porque tendrá que darles un abrazo, así que respire profundo y aguante la respiración discretamente mientras lo hace. Con estos gastos mínimos que además son deducibles de impuestos, logrará albergar un sentimiento de interés y aprecio a bajo costo.

Trate a sus empleados como si estuvieran vivos
A pesar de lo ridículo que pueda parecer la siguiente afirmación, los empleados sí tienen pensamientos y sentimientos propios, ¡no se ría!, es cierto, numerosos estudios lo avalan por lo que debe tratar a los empleados como si estuvieran vivos, sonríales de vez en cuando, mírelos a los ojos y logrará vislumbrar un atisbo de vida.

Respete sus necesidades básicas: si los empleados tienen la certeza de tener un horario para comer y para dormir tendrán más energía y la mente despejada, lo que aminora el riesgo de que cometan errores y evita el desperdicio de insumos.

El respeto no se exige, se gana
Gritar, someter y humillar a los empleados es parte de las actividades cotidianas de cualquier jefe, pero es un rumbo que puede cambiar de dirección hacia el respeto y la lealtad, el camino que lo convertirá en un buen jefe. Lo único que usted tiene que hacer para lograrlo es mentirles, sí, de preferencia con recompensas que tengan que ver con dinero, una promoción o viaje, prométales bonos, comisiones o aumentos de sueldo condicionados a metas imposibles de alcanzar; la esperanza motiva a los empleados, los hace ser más productivos, hace que trabajen horas extras en casa y que lleguen más temprano sin necesidad de exigírselos y lo mejor de todo es que para mentir no necesita gastar ni un sólo peso del presupuesto. Le recomendamos que, de preferencia, mantenga las mentiras (promesas) al margen de lo posible, porque si los empleados se dan cuenta de que las metas son absurdas e inalcanzables ni siquiera intentarán esforzarse y se sentirán engañados y estúpidos y un empleado enojado es peligroso, podrían borrar los archivos de la computadora, romper muebles o peor aún, atacarlo a usted, tome sus precauciones y disfrute de los beneficios de ser un buen jefe.

El coleccionista

Mi destino quedó marcado cuando nací un nueve de septiembre, soy el noveno hermano de una familia conservadora, mi nombre y apellidos estan formados por nueve letras cada uno: Heriberto Iturriaga Hernández. Incluso mi profesión contiene también nueve letras: burócrata.

Estaba seguro de que la novena pieza sería la mejor. Ansiaba tanto conocerla.
La persecución empezó en la oficina, estaba sirviendo café en la cocineta cuando la vi, era mejor de lo que había imaginado, llegó con la asistente del Secretario, su mirada aparentaba ser fría e inexpresiva; descubrí la amargura que se le salía por sus ojos, esa era la señal que yo estaba esperando.

Necesitaba dañar su existencia como una mera formalidad para adueñarme de su corazón que ansiaba ser mío, su corazón que me llamaba a destrozarlo en cada tierno y triste latido, me pedía convertirlo en una obra de arte. Al igual que con las otras, como un presagio soñé con ella el día en que la conocí y me sentí inundado de amor, anestesiado de alegría, después tantos años por fin dios recompensaba mi empeño, el noveno tesoro en mi lista, el corazón de Esmeralda.

Recuerdo que todo comenzó casi sin querer, cuando conocí a la primera de mi lista, Evangelina, una mojigata rata de iglesia, aburrida a simple vista; con un corazón exquisito, tan maleable que parecía barro en mis manos, reconocí mi talento y la urgente necesidad de aprovecharlo. Durante un insomnio tuve la revelación de que mi vida tenía un solo sentido: cosechar frutos únicos, corazones para modelar, exprimir, saborear cada latido hasta transformarlos y degradarlos a mi antojo, yo tenía el talento de un escultor de arte viviente. Cada una, como si fuera un estuche, llevaría grabado mi nombre con dolo, sellado con la sangre de un mordisco en el labio inferior. Tras la culminación de mi obra, que había tomado tres largos años, llegó un impulso incontrolable y, como trofeo, corté un mechón de su cabello mientras dormía.

Con cuanta dedicación había conseguido los corazones de las demás, todas marcadas con nombres de nueve letras: Margarita, Esperanza, Hortencia, Guadalupe, Florencia, Alejandra y Elizabeth, cada una correspondiente a cada uno de los pisos de la Secretaría de Turismo, todas asistentes administrativas.

Pero con Esmeralda no fue tan fácil, apesar de contar con la ventaja de trabajar en el mismo piso, el noveno, ella actuaba indiferente como si fuera inmune a mi atracción, probablemente dios quería competir conmigo, conociendo mi tenacidad, me retaba. Me sentí perdido en un laberinto de dudas; nada podía detenerme, seguí cambiando de dirección cada vez que encontraba otro callejón sin salida en la calle de los pretextos de Esmeralda.

A veces, lo más cursi y gastado es lo que funciona, y yo necesitaba demostrarle a dios que siempre gano. Y que la mojigata tenía que morir precisamente por eso, por mojigata.

Cada mañana Esmeralda recibía una rosa roja y una nota que la hacían sonreír y cuchichear con la recepcionista, después fueron chocolates y poemas, ella respondía dejandome mensajes en el buzón de sugerencias como se lo pedí. Cuando por fin había caído rotundamente enamorada, esa noche me presenté en la puerta de su departamento. No le di oportunidad de cerrar la puerta, entré a la fuerza, desconcertada me pedía que me fuera, la besé mientras lloraba asustada, tuve que sujetarla con tanta fuerza que sus brazos se pintaron de morado, mi color favorito. No separé mis labios de los suyos hasta que se tranquilizó, aun en contra de su voluntad tendría que amarme hasta sangrar por los ojos, hasta consagrar su vida por ese hermoso recuerdo, probablemente el más intenso que vivió en su aburrida existencia, no hay mejor forma de morir que en las manos de un artista.

Un corazón es tan solo materia prima con una existencia vacía, es gracias al artista que se convierte en obra de arte.

Prioridades y destinos

Hace años, cuando estaba decidiendo mi destino, vinieron a visitarme mis hermanos y varios amigos de Guadalajara, no hablamos de cómo me sentía ni del pasado o de la muerte pero sí de lo cada quién planeaba hacer a partir de entonces. Nunca me han gustado las despedidas, sobre todo porque los recuerdos son volubles y muy caprichosos, siempre exageran o cambian las historias a su conveniencia.

Recuerdo el miedo y la conmoción que pasé, porque uno no se toma la vida en serio hasta que un doctor dice que te quedan dos meses o un poco más de vida, el pronóstico siempre es aproximado, aunque pensar positivo ayuda a muchos pacientes a extender el plazo, lo que significaba que yo ya no tendría el tiempo suficiente para ver a Tori Amos en concierto, comprar una casa, tener un hijo y mucho menos hacerme escritora de tiempo completo y publicar un bestseller. Tuve que rehacer mi lista de prioridades, taché retos deportivos, títulos de libros y películas, me pinté el cabello de verde, me hice dos tatuajes más y elegí tres de los ocho países que tenía anotados como destinos imprescindibles y le conté a Julio mi decisión. La idea original era viajar yo sola pero él quiso acompañarme hasta que la muerte nos separara, aunque nunca me hubiera hecho semejante promesa.

No sé por qué le tienen tan mala fe al Facebook si está comprobado que el chisme y lo trágico vende; la noticia de que me estaba muriendo se regó y conseguí doscientos shares en un fin de semana, se vendió todo lo que teníamos en pocos días. Utilizamos el veredicto impreso y firmado por el doctor para agilizar los trámites de los pasaportes y las visas.

Cuando llegamos a Praga un martes por la noche, Claudia y Justin fueron por nosotros al aeropuerto, la ciudad se veía muy nostálgica y nos hizo sentir como en un cuento, la gente era muy seria y mis carcajadas provocaban ceños fruncidos a donde quiera que fuéramos. Una semana después entre abrazos apretados y te quieros nos despedimos.

Alberto nos recibió en Tokio, teníamos planeado visitar Nagoya, Kyoto y Okinawa para regresar tres semanas más tarde y volar hacia Seúl, donde habíamos planeado el itinerario con las recomendaciones de Ha Rim.

Pasaron tres meses desde que salimos de México, el boleto de avión del regreso de Julio seguía abierto porque no quería irse hasta que me llegara la hora. Ya casi no teníamos dinero, revisé mi lista de pendientes por cumplir y ya solo me faltaba uno: trabajar como mesera. Una tía de Ha Rim nos rentó un cuarto, estabamos acomodados y listos otra vez para mi postergado fin. En la embajada nos dieron la dirección de un restaurante de comida mexicana llamado La norteñita, así conocimos a Pepe, quien era de Monterrey y estaba casado con una coreana, le enseñé el veredicto del doctor, que era mi nueva carta de presentación y nos contrató como meseros por un mes, con la advertencia de que podría ser por menos tiempo.

Seis meses más tarde, Julio decidió vender su boleto de avión y en lugar de regresar a México fuimos otra vez a Japón a la boda de Alberto y Hiromi, los árboles de cereza enmarcaron la ceremonia y el sake se encargó de acenturar el recuerdo. Cuando volvimos a Seúl, nuestra estancia legal en Corea estaba a punto de expirar y Pepe nos ayudó con el trámite de las visas de trabajo. Desde entoces he visto a muchos especialistas, me han hecho análisis una y otra vez y sigue siendo un enigma para los doctores el que yo siga viviendo, dicen que parece como si la enfermedad hubiera decidido detenerse arbitrariamente y dejar de dañar mi cuerpo.

Nos asociamos con Pepe y con mis hermanos para importar artesanías de Tlaquepaque y exportar juguetes coreanos y japoneses a México. La semana pasada visitamos el estudio Sticky Monsters Lab, platicamos con los artistas y les contamos de mi última voluntad extendida en Corea, que somos diseñadores gráficos y que vendimos algunos de sus artoys en México, también improvisamos una entrevista de trabajo, ayer nos mandaron un correo electrónico para avisarnos que el próximo mes iniciaría nuestro contrato para trabajar con ellos si decidimos aceptarlo.

Tori Amos anunció en su blog que hará una gira por Europa lo que me recordó que hace muchos años que yo debería de haber muerto, la vida se está volviendo a convertir en otra rutina y sigo sin dedicarme a escribir, sin tener hijos, comprar una casa ni publicar un bestseller, tengo que pensar nuevas prioridades y destinos para mi lista de pendientes por hacer antes de morir.

Somos parte de algún porcentaje

Logró mantenerse en aparente calma mientras manejaba hacia su casa. A pesar del tráfico asfixiante, le pareció que el tiempo se comprimía. Al llegar, colgó las llaves y la máscara de indiferencia que usa para salir a la calle y comenzó a llorar automáticamente. Trató de contener la desesperación, de guardarla, mejor dicho de esconderla, pero entre más intentos hacía por controlarla, más se desbordaba por dentro. La realidad estaba fuera de sus manos, el lastre de su resignación era su nueva compañía.

El 89% de los deseos de venganza no llegan a concretarse; al menos es el porcentaje que corresponde a la gente que conozco con este problema. Los censos de la pobación deberían calcular aspectos personales más interesantes que, saber cuántas personas habitan en esta vivienda, solteros o casados, con estudios básicos o profesionales, etc., así nos podríamos incluir entre un montón de categorías, y no sentir la soledad de formar parte del grupo de escasos desafortunados.

Hacer lo correcto la alejó cada vez más de la posibilidad de conseguir lo único que realmente deseaba en la vida, aunque ya era muy tarde para resarcirlo los intereses del arrepentimiento aseguraron su bancarrota emocional. Estaba muy asustada, se lo había prometido en el lecho de muerte a su tía Margarita; y no se le puede negar nada a los moribundos. ¿Y si ya no puede descansar en paz el alma de ninguna de las dos? Esa idea le carcomía la conciencia.

Como cualquier niña, soñó con crecer tan bella como una princesa y lucirse al lado del esposo más guapo y envidiable, mientras sus muñecos amontonados en una silla hacían el papel de sus hijos; una sábana atorada en un clavo de la pared sobre la cama formaba un hogar, la cocina improvisada con una caja de zapatos y dos paquetes de gomitas revelaban la opulencia de su futuro ideal, el cuál dibujó con la misma facilidad, para asegurarse de llevarlo consigo a todas partes: de contrabando en la mochila de la escuela, de vacaciones en las maletas, entre la cartera y el perfume de jazmín dentro de la bolsa de su abuela, hasta que un fatídico día terminó despedazado en la lavadora, por haber olvidado el dibujo en la bolsa de un pantalón.

El 65% de sus novios de juventud fueron un desfile de errores, el 25% decepciones rotundas y el 10% restante, tentaciones a la insensatez. Pero esquivó muchos peligros, drogas y obstáculos; la inteligencia ganó la partida a favor de las apariencias, de su integridad moral y económica pero sobre todo, del honor de sus padres, –porque el suyo nunca fue tan importante–. Lamentaba no haber sacado provecho de ciertas oportunidades en las que pudo haberse casado y habría hecho felices a sus padres y a estas alturas seguro tendría un hijo por lo menos, aunque se divorciara después.

La idea de encontrar al marido envidiable y perfecto perdió color y sentido, porque por lo visto un hombre guapo, acaudalado, sincero, trabajador, honrado y fiel, sí es mucho pedir; así que fue quitando requisitos a su lista y se conformó con que sea honesto y fiel; pero para ese entonces los que cumplían con dichas características ya estaban comprometidos o casados. Y para colmo tenía que cargar con aquella promesa en el lecho de muerte de su tía.

¿Por qué sólo se les presta atención a los porcentajes mortales o excesivos, a las enfermedades, índices delictivos o a la acumulación del dinero? Seguramente ella no era la única que había recibido ese diagnóstico: Menopausia prematura, le pasa a muchas mujeres, dijo el doctor, pero no le importaban las otras mujeres, las estadísticas tampoco podían evitar que se sintiera irremediablemente sola, y no quería pertenecer al porcentaje de las que viven solas, lloran de noche y padecen insomnios. Años después se unió a los números de las mujeres solteras que son rechazadas mayor número de veces en los trámites de adopción, y a las que nunca cumplieron una promesa aunque hicieron hasta lo imposible por lograrlo.

Hubiera querido vengarse y comprometer la vida de alguien más, pero la muerte solo le permitió recordar las últimas palabras de su tía Margarita, como un eco que arrasó con su vida y le había oxidado el alma intempestivamente, hasta el último aliento: –Lupita, no termines sola como yo, prométeme que aunque no te cases por lo menos tendrás un hijo, por favor, ¡prométemelo!, no te quedes so…la.